Señor banquero central: sé que, como todos sus colegas alrededor del mundo, hoy usted debe estar muy preocupado. Entiendo que la debacle financiera mundial lo inquieta y lo hace creer que tiene que hacer algo. Nada más falso: nada de lo que usted haga salvará al mundo del desastre, el mercado es más fuerte que cualquier medida que usted pueda tomar.
Repasemos los hechos, sus amigos de la Secretaría del Tesoro metieron al sistema financiero la pequeña cifra de US$700 mil millones y no pasó nada, al día hábil siguiente de aprobada la medida las bolsas tuvieron unas caídas gigantes (las más grandes de este año). Luego, sus colegas de Estados Unidos, junto con sus colegas europeos, bajaron las tasas de interés en 50 puntos básicos, y el mercado reaccionó muy bien, por 10 minutos, después volvió a su cauce.
Acuérdese de las historias de sus abuelos, todas las medidas que tomaron en la recesión de 1929, sólo sirvieron para acelerar la caída y aumentar el hueco. Preocúpese de la inflación de su país, sobre eso, tal vez, pueda tener algún efecto, sobre la economía local ha perdido el poder, y sobre la mundial nunca lo tuvo.
Usted es economista, debe tener un doctorado en economía, y sabe, al contrario de los que muchos “analistas” insisten en repetir al infinito, que un mercado tan grande como el financiero es casi imposible de controlar en su estado normal, y un pánico como el actual, donde todos los actores corren de un lado al otro en pánico, es como pretender controlar un estadio con 40 mil personas adentro con tan sólo cien o doscientos policías.
La crisis ya trascendió el sistema financiero, usted sabe que es sólo cuestión de tiempo para que varias firmas empiecen a tener serios problemas de flujo de efectivo y que el crecimiento económico sea cercano o inferior a cero. Usted y yo sabemos que las tasas de desempleo seguirán subiendo, que la gente se empobrecerá, y, que para variar, lo culparán a usted, igual no puede ser nada.
Si ya hizo la tarea en lo que se refiere a la inflación, quédese en su casa tranquilo, escriba sus memorias, ponga nuevos cursos en la universidad donde dicta clase, pase tiempo con su familia. Disfrute los pocos momentos de calma que le quedan, no falta mucho tiempo para que las hordas llamen a su puerta para lincharlo.
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1 comentario:
Y lo peor que le puede pasar a ese banquero es verse limitado a no poder comprar su tercer Maserati anual.
Me choca que ahora busquen culpables y recurran al Estado pidiendo inyecciones de capital cuando en tiempo de vacas gordas no se preocuparon lo más mínimo del peligro que ocasionaría regalar hipótecas aún siendo inmortales y teniendo un puesto de trabajo estable no podrían afrontar.
Lo siento, me toca la vena sensible, Emilio Botín me impide respirar algún que otro mes.
Mis felicitaciones, un tema muy cientifico abordado de forma literaria y sin perder un ápice de naturalidad
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