lunes, 27 de octubre de 2008

Carta Abierta a los banqueros centrales

Señor banquero central: sé que, como todos sus colegas alrededor del mundo, hoy usted debe estar muy preocupado. Entiendo que la debacle financiera mundial lo inquieta y lo hace creer que tiene que hacer algo. Nada más falso: nada de lo que usted haga salvará al mundo del desastre, el mercado es más fuerte que cualquier medida que usted pueda tomar.

Repasemos los hechos, sus amigos de la Secretaría del Tesoro metieron al sistema financiero la pequeña cifra de US$700 mil millones y no pasó nada, al día hábil siguiente de aprobada la medida las bolsas tuvieron unas caídas gigantes (las más grandes de este año). Luego, sus colegas de Estados Unidos, junto con sus colegas europeos, bajaron las tasas de interés en 50 puntos básicos, y el mercado reaccionó muy bien, por 10 minutos, después volvió a su cauce.

Acuérdese de las historias de sus abuelos, todas las medidas que tomaron en la recesión de 1929, sólo sirvieron para acelerar la caída y aumentar el hueco. Preocúpese de la inflación de su país, sobre eso, tal vez, pueda tener algún efecto, sobre la economía local ha perdido el poder, y sobre la mundial nunca lo tuvo.

Usted es economista, debe tener un doctorado en economía, y sabe, al contrario de los que muchos “analistas” insisten en repetir al infinito, que un mercado tan grande como el financiero es casi imposible de controlar en su estado normal, y un pánico como el actual, donde todos los actores corren de un lado al otro en pánico, es como pretender controlar un estadio con 40 mil personas adentro con tan sólo cien o doscientos policías.

La crisis ya trascendió el sistema financiero, usted sabe que es sólo cuestión de tiempo para que varias firmas empiecen a tener serios problemas de flujo de efectivo y que el crecimiento económico sea cercano o inferior a cero. Usted y yo sabemos que las tasas de desempleo seguirán subiendo, que la gente se empobrecerá, y, que para variar, lo culparán a usted, igual no puede ser nada.

Si ya hizo la tarea en lo que se refiere a la inflación, quédese en su casa tranquilo, escriba sus memorias, ponga nuevos cursos en la universidad donde dicta clase, pase tiempo con su familia. Disfrute los pocos momentos de calma que le quedan, no falta mucho tiempo para que las hordas llamen a su puerta para lincharlo.

jueves, 9 de octubre de 2008

El Sueño Americano Versus El Orgullo Americano

Anoche tuvo lugar el segundo debate de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos y lo único realmente claro es que los estadounidenses tienen que escoger entre sus dos grandes orgullos: el héroe americano y el sueño americano.

John McCain es un piloto condecorado, fue prisionero en Vietnam, con lesiones de por vida como recuerdo de la guerra. Es el héroe americano. Barack Obama es una persona de clase media, que logró, mediante becas y ayudas financieras, graduarse de Harvard y Columbia, que ha sido Senador y aspira a la Presidencia. Es la encarnación del sueño americano.

La importancia de estos dos conceptos dentro de la mente del estadounidense promedio no puede ser ignorada o subvalorada. Estos conceptos nacen de la imagen que tienen los Estados Unidos de sí mismos. Por un lado el héroe americano nace de la concepción del país como el foco de iluminación y de bien en el mundo, los defensores de la libertad y de los valores que debe tener todo ser humano. Por el otro, el concepto del sueño americano es tan importante que lo tienen inscrito en la base de la Estatua de la Libertad, según ellos, Estados Unidos es el único país del mundo donde cualquiera puede hacer de sí mismo lo que quiera. Sólo tiene que trabajar por ello.

En el fondo, en el debate de anoche se habló sólo de esos dos conceptos: economía, la capacidad de todos los estadounidenses de alcanzar el sueño americano; y la política exterior, Estados Unidos como foco del bien y de la libertad en el mundo. Los dos conceptos están en crisis.

Por el lado de la economía, la crisis financiera ha puesto en entredicho la capacidad del promedio para cumplir sus sueños, e, incluso, llevar una vida digna. La tase de desempleo cerró el mes de agosto en 6.1% la cifra más alta desde septiembre de 2003, el plan de salvamento no tuvo prácticamente ningún efecto sobre la economía y un gran número de personas están perdiendo sus casas. Ninguno de los dos candidatos hizo una propuesta distinta a la que había hecho antes, más bien se dedicaron a buscar culpas en el otro contendor o partido a la situación actual. Los dos siguieron el planteamiento que han seguido sus colectividades tradicionalmente, McCain propuso reducciones de impuestos, sin importar el, ya escandalosamente grande, déficit fiscal. Obama presentó un plan para subir los impuestos de quienes tienen ingresos mayores a US$250 mil al año y bajarlos para el resto de la población, la propuesta parece sensata, debería subir los ingresos del fisco mientras aumenta la demanda agregada, sin embargo, se deben revisar los datos antes de asegurar su conveniencia.

En la política internacional, Estados Unidos nunca había visto su capacidad de actuar tan limitada como ahora. El contexto internacional se torna abiertamente hostil a sus intereses mientras que sus enemigos, lo representantes del mal, florecen gracias a los petrodólares que, paradójicamente, vienen en una buena parte desde Estados Unidos. La violencia en Irak no para mientras se recrudecen los problemas en Afganistán y Al-Qaeda se fortalece en la frontera de ese país con Pakistán. En este aspecto las propuestas tanto del demócrata como del republicano son muy similares. Hay que ganar en Irak, hay que apresar y matar a Osama y eliminar a Al-Qaeda, adicionalmente se debe neutralizar a Irán. Se diferencian en que Obama quiere un plan de retiro de Irak con tiempos definidos y McCain no.

Es claro que las diferencias entre ambos no son tan grandes como ellos las muestran o quisieran, se trata más de dos ideales estadounidenses peleando por el cariño y el deseo del pueblo.

Esto nos muestra que la elección, en términos reales para una gran mayoría de estadounidenses, no es acerca de las credenciales de cada uno, ni de las culpas de su partido o la política exterior, tal vez ni siquiera de la economía. En últimas, se tratará sobre qué deseo se impone: el amor por el héroe americano, o el deseo de ver el sueño americano como una posibilidad real.

jueves, 2 de octubre de 2008

Otra vez.... el fin del capitalismo

A raíz de la estruendosa caída del sistema financiero estadounidense, la quiebra de muchos de los más respetados y tradicionales bancos de ese país, el hundimiento el lunes pasado de las bolsas del mundo y el surgimiento de nuevas potencias económicas como China e India, así como el resurgimiento de Rusia en el plano político, muchos columnistas sin un mínimo conocimiento de economía han pronosticado el fin del capitalismo. ¿El fin del capitalismo? ¿No habíamos oído ya esa historia?

En 1929, hace casi 80 años, los créditos estaban sustentados en acciones, las acciones cayeron, los intereses subieron, la gente tuvo que salir a vender sus acciones para poder pagar sus obligaciones, lo que ocasionó que el precio de ellas bajara aún más, los intereses subieron más. No hubo forma para que millones pagaran sus obligaciones y el sistema financiero colapsó.

Ahora, cambiemos la palabra acciones por la palabra "hipotecas" y recordemos que los bancos complicaron un poco más las cosas esta vez creando derivados financieros que creaban la ilusión de seguridad (¿No suena un poco a 2008?). Sin embargo, la historia sigue siendo básicamente la misma. El capitalismo no murió, aprendió un par de lecciones sobre la regulación que debe existir en el mercdo de capitales y el mundo siguió su curso.

Lo que olvidan los columnistas que vaticinan el fin, es que, si bien el mercado financiero es un mercado muy importante dentro del capitalismo (con el de trabajo uno de los dos más importantes), es eso, UN mercado. Si este mercado colapsa vendrán épocas difíciles, nadie lo ha negado nunca, pero el sistema sobrevive aprendiendo un par de lecciones que prevendrán que la siguiente crisis haga colapsar el mercado.

El capitalismo no ha muerto porque, a diferencia de los regímenes económicos anteriores, tiene una capacidad infinita de transformar las partes de sí mismo que lo afectan, sin perder la esencia fundadora del mismo "si cada uno de los agentes busca su beneficio personal se llegará a un resultado óptimo para la sociedad". Lo que cambia son las regulaciones que hacen a los mercados funcionar.

Si, se vienen tiempos difíciles, de esta crisis lo Estados Unidos no saldrán facilmente, su clase media se verá muy afectada y con ella medio mundo, pero el capitalismo sobrevivirá inventando nuevas regulaciones que prevengan otro descalabro igual al que se vive hoy en día.