martes, 9 de junio de 2009

Por qué no tomarse a Colombia en serio

FARC, ELN, AUC (en general casi todas las siglas en Colombia), reelección, Tom y Jerry, chuzaDAS, la izquierda se parte y parece ser aún más clientelista que la derecha (sí, se podía), DMG, estabilidad jurídica para los más ricos de la población, inseguridad para el resto, yidis-para-farc y demás prefijos de política, Jota Mario Valencia y el Padre Chucho, solo por mencionar las más destacables.


Todas estas parecen razones para tomarse a este país como un enfermo terminal, y nada más serio que un enfermo terminal. Pero no. Colombia permanece incólume, la estatua de bronce con cagadas de pájaro que, aunque cada vez más fea, permanece debajo. O tal vez el señor Burns con todas las enfermedades tratando de matarlo pero logrando un perfecto equilibrio que lo hacen invulnerable.


Hemos tenido 50 años de guerra continua, con varios grupos guerrilleros, amnistías, esperanzas, negociaciones, contituyentes, paramilitares, militares. Frente Nacional, ANAPO, dictador (barato pero dictador al fin y al cabo dictador), hemos hecho a su nieto alcalde de nuestra capital, un elefante en la presidencia, cedido parte de nuestro territorio, matado a todo aquel que se atreva a defender los derechos humanos. Hemos acabado con la poca institucionalidad que teníamos por una sensación de seguridad, tirado nuestros ahorros en pirámides sabiendo que son un fraude, que alguien va a perder. Hemos creado héroes con el secreto deseo de poder lincharlos cuando caigan.


Y a pesar de todo, nunca la guerrilla tomó el poder, nunca cayó un presidente corrupto, nunca se cerró un congreso admirable(mente corrupto), nuestro dictador salió tan perrata que duró casi lo mismo que un presidente promedio y menos que el actual, el periódico más importante no cerró, cambió de nombre, negociamos la paz una cantidad indeterminada de veces, metimos y sacamos a la iglesia en todo y para todo (al principio creía que era la institución más manoseada de la historia, pero era la paga por lo que manoseaban los curitas) nunca sucedió nada realmente importante, caímos al abismo, pero siempre resultó el borde.


Exterminamos los campesinos una y otra vez pero siguió habiendo campo, matamos la justicia y siguió habiendo leyes, matamos la decencia y siguió habiendo honestidad (poca, pero igual mucha nunca hubo), matamos la risa y seguimos riendo, matamos todo, pero, de alguna forma seguimos en un absurdo donde la vida no es un morir constante sino que la muerte es un vivir constante.


Por eso uno no puede tomarse a Colombia tan en serio, cada desgracia nueva no es la enfermedad que la va a matar sino una necesidad para mantener el equilibrio. Ríase mientras pueda, que no va a pasar nada.


Cuando no pase nada, preocúpese, porque siempre vamos caminando al abismo y los golpes nos regresan, si no hay golpes nos caemos. Así que la próxima vez que vea noticias, se encuentre a Jota Mario o a José Obdulio, vea otro caso de descarada corrupción salir de la Casa de Nariño o el Palacio de Liévano, de las gracias, al fin y al cabo esas son las cosas que permiten que el borde se extienda unos metros más.

lunes, 8 de junio de 2009

En defensa de unos malos hábitos (los míos)

Siempre he sido mejor lector que escritor. Por lo mismo, tiendo a matar textos que no fluyen, o que no cierran bien. De la misma manera, siempre he creído que toda moral que pretenda trascender el ámbito personal tiene algo de nocivo y es altamente peligrosa. Por lo mismo, detesto ir al médico y estoy haciendo todo lo posible por no botar este texto.

Soy plenamente consciente que este no es más que un intento fatuo por proteger mi estilo de vida, un estilo al que tercamente me he apegado en contra de mi salud hasta llevarme al borde de la tumba para volver a salir.

Muchos creyeron, entre otros yo mismo, que haría algo con ello, me cuidaría, cambiaría mi forma de ser, mis hábitos, dejaría de fumar, tomar tinto, Coca-Cola y cerveza. No pude, de verdad hermanos míos, lo intenté. Pero hay algo de trágico en no tomar la vida en serio, no veo tan grave morirme si muero como me gusta vivir. Decía al comienzo que soy mejor lector que escritor, y he encontrado que, hasta ahora la única obra que he escrito a lo largo de 28 años de forma constante y que había fluido siempre con una naturalidad asombrosa era mi vida. Llegó al abismo, pero fluía y eso es importante. Cuando resolví cambiar todos mis hábitos en aras de salvar o al menos, añadir un par de páginas más a mi vida encontré que, si bien puedo pulir lo más nocivo de mí, también es cierto que sin muchos de mis hábitos mi vida deja de fluir, no es un texto sabroso de leer y eso, para mí, es insoportable. No estoy diciendo que estos hábitos me definen, por un lado me valoro más que eso y por otro soy consciente que sería una excusa muy mediocre para justificar lo injustificable. Soy consciente que la concepción de la vida como un texto y su evaluación como tal es no sólo peligrosa sino un tanto idiota, pero tiene algo divertido que me apasiona, y esa forma de verla se acababa conmigo en buenos hábitos.

lunes, 27 de octubre de 2008

Carta Abierta a los banqueros centrales

Señor banquero central: sé que, como todos sus colegas alrededor del mundo, hoy usted debe estar muy preocupado. Entiendo que la debacle financiera mundial lo inquieta y lo hace creer que tiene que hacer algo. Nada más falso: nada de lo que usted haga salvará al mundo del desastre, el mercado es más fuerte que cualquier medida que usted pueda tomar.

Repasemos los hechos, sus amigos de la Secretaría del Tesoro metieron al sistema financiero la pequeña cifra de US$700 mil millones y no pasó nada, al día hábil siguiente de aprobada la medida las bolsas tuvieron unas caídas gigantes (las más grandes de este año). Luego, sus colegas de Estados Unidos, junto con sus colegas europeos, bajaron las tasas de interés en 50 puntos básicos, y el mercado reaccionó muy bien, por 10 minutos, después volvió a su cauce.

Acuérdese de las historias de sus abuelos, todas las medidas que tomaron en la recesión de 1929, sólo sirvieron para acelerar la caída y aumentar el hueco. Preocúpese de la inflación de su país, sobre eso, tal vez, pueda tener algún efecto, sobre la economía local ha perdido el poder, y sobre la mundial nunca lo tuvo.

Usted es economista, debe tener un doctorado en economía, y sabe, al contrario de los que muchos “analistas” insisten en repetir al infinito, que un mercado tan grande como el financiero es casi imposible de controlar en su estado normal, y un pánico como el actual, donde todos los actores corren de un lado al otro en pánico, es como pretender controlar un estadio con 40 mil personas adentro con tan sólo cien o doscientos policías.

La crisis ya trascendió el sistema financiero, usted sabe que es sólo cuestión de tiempo para que varias firmas empiecen a tener serios problemas de flujo de efectivo y que el crecimiento económico sea cercano o inferior a cero. Usted y yo sabemos que las tasas de desempleo seguirán subiendo, que la gente se empobrecerá, y, que para variar, lo culparán a usted, igual no puede ser nada.

Si ya hizo la tarea en lo que se refiere a la inflación, quédese en su casa tranquilo, escriba sus memorias, ponga nuevos cursos en la universidad donde dicta clase, pase tiempo con su familia. Disfrute los pocos momentos de calma que le quedan, no falta mucho tiempo para que las hordas llamen a su puerta para lincharlo.

jueves, 9 de octubre de 2008

El Sueño Americano Versus El Orgullo Americano

Anoche tuvo lugar el segundo debate de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos y lo único realmente claro es que los estadounidenses tienen que escoger entre sus dos grandes orgullos: el héroe americano y el sueño americano.

John McCain es un piloto condecorado, fue prisionero en Vietnam, con lesiones de por vida como recuerdo de la guerra. Es el héroe americano. Barack Obama es una persona de clase media, que logró, mediante becas y ayudas financieras, graduarse de Harvard y Columbia, que ha sido Senador y aspira a la Presidencia. Es la encarnación del sueño americano.

La importancia de estos dos conceptos dentro de la mente del estadounidense promedio no puede ser ignorada o subvalorada. Estos conceptos nacen de la imagen que tienen los Estados Unidos de sí mismos. Por un lado el héroe americano nace de la concepción del país como el foco de iluminación y de bien en el mundo, los defensores de la libertad y de los valores que debe tener todo ser humano. Por el otro, el concepto del sueño americano es tan importante que lo tienen inscrito en la base de la Estatua de la Libertad, según ellos, Estados Unidos es el único país del mundo donde cualquiera puede hacer de sí mismo lo que quiera. Sólo tiene que trabajar por ello.

En el fondo, en el debate de anoche se habló sólo de esos dos conceptos: economía, la capacidad de todos los estadounidenses de alcanzar el sueño americano; y la política exterior, Estados Unidos como foco del bien y de la libertad en el mundo. Los dos conceptos están en crisis.

Por el lado de la economía, la crisis financiera ha puesto en entredicho la capacidad del promedio para cumplir sus sueños, e, incluso, llevar una vida digna. La tase de desempleo cerró el mes de agosto en 6.1% la cifra más alta desde septiembre de 2003, el plan de salvamento no tuvo prácticamente ningún efecto sobre la economía y un gran número de personas están perdiendo sus casas. Ninguno de los dos candidatos hizo una propuesta distinta a la que había hecho antes, más bien se dedicaron a buscar culpas en el otro contendor o partido a la situación actual. Los dos siguieron el planteamiento que han seguido sus colectividades tradicionalmente, McCain propuso reducciones de impuestos, sin importar el, ya escandalosamente grande, déficit fiscal. Obama presentó un plan para subir los impuestos de quienes tienen ingresos mayores a US$250 mil al año y bajarlos para el resto de la población, la propuesta parece sensata, debería subir los ingresos del fisco mientras aumenta la demanda agregada, sin embargo, se deben revisar los datos antes de asegurar su conveniencia.

En la política internacional, Estados Unidos nunca había visto su capacidad de actuar tan limitada como ahora. El contexto internacional se torna abiertamente hostil a sus intereses mientras que sus enemigos, lo representantes del mal, florecen gracias a los petrodólares que, paradójicamente, vienen en una buena parte desde Estados Unidos. La violencia en Irak no para mientras se recrudecen los problemas en Afganistán y Al-Qaeda se fortalece en la frontera de ese país con Pakistán. En este aspecto las propuestas tanto del demócrata como del republicano son muy similares. Hay que ganar en Irak, hay que apresar y matar a Osama y eliminar a Al-Qaeda, adicionalmente se debe neutralizar a Irán. Se diferencian en que Obama quiere un plan de retiro de Irak con tiempos definidos y McCain no.

Es claro que las diferencias entre ambos no son tan grandes como ellos las muestran o quisieran, se trata más de dos ideales estadounidenses peleando por el cariño y el deseo del pueblo.

Esto nos muestra que la elección, en términos reales para una gran mayoría de estadounidenses, no es acerca de las credenciales de cada uno, ni de las culpas de su partido o la política exterior, tal vez ni siquiera de la economía. En últimas, se tratará sobre qué deseo se impone: el amor por el héroe americano, o el deseo de ver el sueño americano como una posibilidad real.

jueves, 2 de octubre de 2008

Otra vez.... el fin del capitalismo

A raíz de la estruendosa caída del sistema financiero estadounidense, la quiebra de muchos de los más respetados y tradicionales bancos de ese país, el hundimiento el lunes pasado de las bolsas del mundo y el surgimiento de nuevas potencias económicas como China e India, así como el resurgimiento de Rusia en el plano político, muchos columnistas sin un mínimo conocimiento de economía han pronosticado el fin del capitalismo. ¿El fin del capitalismo? ¿No habíamos oído ya esa historia?

En 1929, hace casi 80 años, los créditos estaban sustentados en acciones, las acciones cayeron, los intereses subieron, la gente tuvo que salir a vender sus acciones para poder pagar sus obligaciones, lo que ocasionó que el precio de ellas bajara aún más, los intereses subieron más. No hubo forma para que millones pagaran sus obligaciones y el sistema financiero colapsó.

Ahora, cambiemos la palabra acciones por la palabra "hipotecas" y recordemos que los bancos complicaron un poco más las cosas esta vez creando derivados financieros que creaban la ilusión de seguridad (¿No suena un poco a 2008?). Sin embargo, la historia sigue siendo básicamente la misma. El capitalismo no murió, aprendió un par de lecciones sobre la regulación que debe existir en el mercdo de capitales y el mundo siguió su curso.

Lo que olvidan los columnistas que vaticinan el fin, es que, si bien el mercado financiero es un mercado muy importante dentro del capitalismo (con el de trabajo uno de los dos más importantes), es eso, UN mercado. Si este mercado colapsa vendrán épocas difíciles, nadie lo ha negado nunca, pero el sistema sobrevive aprendiendo un par de lecciones que prevendrán que la siguiente crisis haga colapsar el mercado.

El capitalismo no ha muerto porque, a diferencia de los regímenes económicos anteriores, tiene una capacidad infinita de transformar las partes de sí mismo que lo afectan, sin perder la esencia fundadora del mismo "si cada uno de los agentes busca su beneficio personal se llegará a un resultado óptimo para la sociedad". Lo que cambia son las regulaciones que hacen a los mercados funcionar.

Si, se vienen tiempos difíciles, de esta crisis lo Estados Unidos no saldrán facilmente, su clase media se verá muy afectada y con ella medio mundo, pero el capitalismo sobrevivirá inventando nuevas regulaciones que prevengan otro descalabro igual al que se vive hoy en día.

viernes, 23 de mayo de 2008

Alo Presidente, Acá lo llamo desde El Consejo Comunal en Pitalito

Tarde de Lunes. Bogotá está a la expectativa. La gente atenta, se oyen comentarios. Un distraído se acerca a algún televidente para preguntar qué ocurre y recibe el consabido ¡¡SSSHHH!! Se queda mudo y observa. ¿Hay un partido de Colombia? ¿Otro idolillo del deporte logró ganar la tercera división del fútbol (o golf, o tejo) de Andorra? ¡No!

Bogotá (y toda Colombia) está a la expectativa y pegado a su televisión viendo los discursos en la Cumbre de Río. Una cumbre que no suscitaba ningún interés hasta hace muy poco tiempo se ha vuelto el fenómeno mediático de la semana.

Y es que el espectáculo es delirante. Los artistas del micrófono, los hermanos Marx latinoamericanos, están llevando a cabo su más grande representación después de descalificarse de todas las formas posibles, insultarse, poner en duda su credibilidad, mandar batallones, dar ruedas de prensa, etc. Uribe y Chávez se abrazan ante la mirada atónita de Correa. Era evidente que a él no le habían dado más que un rol secundario, el Ringo (la sentencia es de Lisa) de esta banda.

A su país había entrado Uribe, había llevado una operación militar, sacado cadáveres y computadores. Chávez mandó un número indeterminado de soldados a la frontera con Colombia, y vociferado alrededor del mundo en nombre de la soberanía que le habían violado a Ecuador, no a Venezuela. Se alzaron las voces, retumbaron, con ecos y efectos especiales los tambores de los verdaderos protagonistas (Chávez y Uribe), se inició la organización de un pequeño concierto (o grande) en la frontera (aquel con Juanes y Juan Luis Guerra, el de Julito), mientras entre Nariño y Miraflores se llevaba a cabo una logística más sutil, más grandiosa, para un espectáculo verdaderamente delirante.

Jhon y Paul salen en hombros mientras Ringo queda atrás sin saber que hacer. Uribe y Chávez se abrazan, Correa sin entender aún como se volteó todo de tal manera, le da la mano a Uribe de mala gana. ¡Fantástico! Decían todos. Los uribistas aclamaban el tacto político de Uribe por la forma como manejó a Chávez. Los chavistas aclamaban el liderazgo de Chávez por la forma en que manejó a Uribe. Final feliz. Los empresarios colombianos no se quebraron, los consumidores venezolanos pudieron consumir los productos colombianos de nuevo.

¿Qué pasó?

Todo esto resulta paradójico incluso hoy en día. Escriben analistas políticos acerca del manejo dado, y dan las hipótesis más descabelladas, pero ninguno ha querido mirar lo evidente. El montaje de aquel circo tan difícil de explicar lo es no por lo paradójico, sino porque se inicia de un supuesto errado: “Chávez y Uribe se odian” ¿Se odian? Cada vez que el ambiente interno de Uribe se calienta, cuando ya los columnistas neutros y de oposición afilan sus lápices para escribir columnas muy duras (y en algunos muy contados casos muy buenas) Chávez, en “Alo, Presidente”, dice algo contra el gobierno colombiano de tal forma que el Lunes Colombia tiene el patrioterismo alborotado. Hablar mal de nuestro amado y magnánimo Presidente Uribe es un insulto a la patria, las voces de los columnistas se acallan y la popularidad llega al 85%. Y al otro lado de la frontera, ¿no todo es similar? Cuando Chávez ve con preocupación la oposición organizándose, llama a filas clamando porque el lacayo de Washington, Uribe, está conspirando contra la revolución bolivariana, a lo que responde Uribe con un comunicado de prensa acusando de cualquier bellaquería al gobierno venezolano, o mintiendo descaradamente, en algunos casos, de tal modo que los chavistas podrán decir que todo aquel que hable contra Chávez es un conspirador uribista y un lacayo de Washington. La semana pasada se volvió a ver. El viernes la Corte Suprema de Justicia mandó a la comisión de Acusaciones de la Cámara de representantes un expediente acusando al Presidente. El domingo Chávez hizo el favor de insultar a Uribe (una vez más), y el lunes Colombia amaneció con el patrioterismo alborotado, y algo tan grave como la acusación a Uribe quedó sepultada ante la frase tan repetida “en estos momentos de crisis hay que rodear al Primer Mandatario”.

Chávez y Uribe no son amigos. Son compadres, casi como los compadres de huevo-cartoon, como hermanos.

Y por eso creo que todos los sábados desde algún pueblo alejado de Colombia, Uribe levanta el auricular de su teléfono satelital y dice:

“Alo, Presidente? Lo llamo desde el consejo comunal en Pitalito” a lo que responden al otro lado de la línea: “Presidente, chamo Alvaro. ¿Qué necesitas?

viernes, 20 de julio de 2007

Des.....Amor

La Vie en Rose. La canción de los amantes. Puede ser una de las canciones mas agradables de oír cuando se tiene la persona que uno quiere al lado, o al menos cerca. Realmente, cuando se tiene a esa persona.

Solía tener a esa persona. Recuerdo nuestra lectura cercana y el compartir la soledad de dos personas tímidas y un poco cerradas. Ya no está. Se fue. Creo mas bien que fui yo quien se fue. Un libro nostálgico continuo, un tipo de lectura que puede ser un golpe en el hígado del corazón. Nostalgia e, incluso, algo de depresión por la soledad.

El amor y el desamor no son mas que lugares comunes al que todo el que lee, escribe o vive llega eventualmente. ¿Cuán triste resulta que los momentos definitorios de la vida sean lugares comunes a casi todo el mundo?

Conozco poca gente productiva intelectualmente en el éxtasis del amor, realmente ninguna. Volvemos a ser productivos una vez encontramos ese amor tranquilo donde encontramos al otro con sus contradicciones y defectos, donde reconocemos las diferentes caras que ella adopta para mantener la coherencia[1] y seguimos amando, incluso con mas intensidad, pero perdemos el afán; y llega la felicidad sin darnos cuenta de que la estamos viviendo y nos atropella de tal forma que nunca la logramos ver hasta cuando la vemos alejarse. Rogamos que exista algún dios que nos permita coger la placa del carro, queremos ser atropellados de nuevo mientras estamos malheridos y, sobre todo, doloridos en el piso llano de nuestra vida.

Iniciamos el primer intento de pararnos y recordamos lo maravilloso del vuelo. Sabemos que tenemos que caminar de nuevo, y tratamos de recordar como se hacía, buscamos la mano amada y, como nos pasará una otra vez, no la encontramos o la rechazamos porque sabemos que ya no trae el carro consigo. Sólo nos eleva el carro cuando no lo esperamos, porque nuestra cobardía (o instinto) es suprema y siempre nos hará quitarnos si logramos ver que se acerca.

La búsqueda de certidumbres, de reconocernos de nuevo sin aquella que está ahí, que estuvo y que no estará. Saber que debemos poner de nuevo los pies en el suelo que ahí está nuestra vida sin aire. Una reconstrucción lenta llena de remiendos y nostalgias.

La risa vuelve al darnos cuenta de cuan cursi es el desamor, incluso más que el amor. Y al amor lo salvaba la felicidad que engendraba, la falta de reconocimiento de si mismo, que nos cegó.

El desamor. El precio que debemos pagar cuando nos damos cuenta del patetismo del amor y el desamor, el hundimiento en la cursilería y la idiotez, aún mas que en el amor; y lo peor, el reconocimiento de todo y la certidumbre que eventualmente nos reiremos de esto con la fatua esperanza de no volver a caer. Curioso el desamor. La sima de la vida anímica y la cima para conocer nuestras caídas continuas y nuestras esperanzas vacuas.


[1] La sentencia es de Hoffstadter.