jueves, 9 de octubre de 2008

El Sueño Americano Versus El Orgullo Americano

Anoche tuvo lugar el segundo debate de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos y lo único realmente claro es que los estadounidenses tienen que escoger entre sus dos grandes orgullos: el héroe americano y el sueño americano.

John McCain es un piloto condecorado, fue prisionero en Vietnam, con lesiones de por vida como recuerdo de la guerra. Es el héroe americano. Barack Obama es una persona de clase media, que logró, mediante becas y ayudas financieras, graduarse de Harvard y Columbia, que ha sido Senador y aspira a la Presidencia. Es la encarnación del sueño americano.

La importancia de estos dos conceptos dentro de la mente del estadounidense promedio no puede ser ignorada o subvalorada. Estos conceptos nacen de la imagen que tienen los Estados Unidos de sí mismos. Por un lado el héroe americano nace de la concepción del país como el foco de iluminación y de bien en el mundo, los defensores de la libertad y de los valores que debe tener todo ser humano. Por el otro, el concepto del sueño americano es tan importante que lo tienen inscrito en la base de la Estatua de la Libertad, según ellos, Estados Unidos es el único país del mundo donde cualquiera puede hacer de sí mismo lo que quiera. Sólo tiene que trabajar por ello.

En el fondo, en el debate de anoche se habló sólo de esos dos conceptos: economía, la capacidad de todos los estadounidenses de alcanzar el sueño americano; y la política exterior, Estados Unidos como foco del bien y de la libertad en el mundo. Los dos conceptos están en crisis.

Por el lado de la economía, la crisis financiera ha puesto en entredicho la capacidad del promedio para cumplir sus sueños, e, incluso, llevar una vida digna. La tase de desempleo cerró el mes de agosto en 6.1% la cifra más alta desde septiembre de 2003, el plan de salvamento no tuvo prácticamente ningún efecto sobre la economía y un gran número de personas están perdiendo sus casas. Ninguno de los dos candidatos hizo una propuesta distinta a la que había hecho antes, más bien se dedicaron a buscar culpas en el otro contendor o partido a la situación actual. Los dos siguieron el planteamiento que han seguido sus colectividades tradicionalmente, McCain propuso reducciones de impuestos, sin importar el, ya escandalosamente grande, déficit fiscal. Obama presentó un plan para subir los impuestos de quienes tienen ingresos mayores a US$250 mil al año y bajarlos para el resto de la población, la propuesta parece sensata, debería subir los ingresos del fisco mientras aumenta la demanda agregada, sin embargo, se deben revisar los datos antes de asegurar su conveniencia.

En la política internacional, Estados Unidos nunca había visto su capacidad de actuar tan limitada como ahora. El contexto internacional se torna abiertamente hostil a sus intereses mientras que sus enemigos, lo representantes del mal, florecen gracias a los petrodólares que, paradójicamente, vienen en una buena parte desde Estados Unidos. La violencia en Irak no para mientras se recrudecen los problemas en Afganistán y Al-Qaeda se fortalece en la frontera de ese país con Pakistán. En este aspecto las propuestas tanto del demócrata como del republicano son muy similares. Hay que ganar en Irak, hay que apresar y matar a Osama y eliminar a Al-Qaeda, adicionalmente se debe neutralizar a Irán. Se diferencian en que Obama quiere un plan de retiro de Irak con tiempos definidos y McCain no.

Es claro que las diferencias entre ambos no son tan grandes como ellos las muestran o quisieran, se trata más de dos ideales estadounidenses peleando por el cariño y el deseo del pueblo.

Esto nos muestra que la elección, en términos reales para una gran mayoría de estadounidenses, no es acerca de las credenciales de cada uno, ni de las culpas de su partido o la política exterior, tal vez ni siquiera de la economía. En últimas, se tratará sobre qué deseo se impone: el amor por el héroe americano, o el deseo de ver el sueño americano como una posibilidad real.

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