viernes, 20 de julio de 2007

Des.....Amor

La Vie en Rose. La canción de los amantes. Puede ser una de las canciones mas agradables de oír cuando se tiene la persona que uno quiere al lado, o al menos cerca. Realmente, cuando se tiene a esa persona.

Solía tener a esa persona. Recuerdo nuestra lectura cercana y el compartir la soledad de dos personas tímidas y un poco cerradas. Ya no está. Se fue. Creo mas bien que fui yo quien se fue. Un libro nostálgico continuo, un tipo de lectura que puede ser un golpe en el hígado del corazón. Nostalgia e, incluso, algo de depresión por la soledad.

El amor y el desamor no son mas que lugares comunes al que todo el que lee, escribe o vive llega eventualmente. ¿Cuán triste resulta que los momentos definitorios de la vida sean lugares comunes a casi todo el mundo?

Conozco poca gente productiva intelectualmente en el éxtasis del amor, realmente ninguna. Volvemos a ser productivos una vez encontramos ese amor tranquilo donde encontramos al otro con sus contradicciones y defectos, donde reconocemos las diferentes caras que ella adopta para mantener la coherencia[1] y seguimos amando, incluso con mas intensidad, pero perdemos el afán; y llega la felicidad sin darnos cuenta de que la estamos viviendo y nos atropella de tal forma que nunca la logramos ver hasta cuando la vemos alejarse. Rogamos que exista algún dios que nos permita coger la placa del carro, queremos ser atropellados de nuevo mientras estamos malheridos y, sobre todo, doloridos en el piso llano de nuestra vida.

Iniciamos el primer intento de pararnos y recordamos lo maravilloso del vuelo. Sabemos que tenemos que caminar de nuevo, y tratamos de recordar como se hacía, buscamos la mano amada y, como nos pasará una otra vez, no la encontramos o la rechazamos porque sabemos que ya no trae el carro consigo. Sólo nos eleva el carro cuando no lo esperamos, porque nuestra cobardía (o instinto) es suprema y siempre nos hará quitarnos si logramos ver que se acerca.

La búsqueda de certidumbres, de reconocernos de nuevo sin aquella que está ahí, que estuvo y que no estará. Saber que debemos poner de nuevo los pies en el suelo que ahí está nuestra vida sin aire. Una reconstrucción lenta llena de remiendos y nostalgias.

La risa vuelve al darnos cuenta de cuan cursi es el desamor, incluso más que el amor. Y al amor lo salvaba la felicidad que engendraba, la falta de reconocimiento de si mismo, que nos cegó.

El desamor. El precio que debemos pagar cuando nos damos cuenta del patetismo del amor y el desamor, el hundimiento en la cursilería y la idiotez, aún mas que en el amor; y lo peor, el reconocimiento de todo y la certidumbre que eventualmente nos reiremos de esto con la fatua esperanza de no volver a caer. Curioso el desamor. La sima de la vida anímica y la cima para conocer nuestras caídas continuas y nuestras esperanzas vacuas.


[1] La sentencia es de Hoffstadter.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amor de máquina, sin sentido es.
Hay que tratar de conocerlo, pero igual...