martes, 5 de junio de 2007

De la Barbarie Taurina

¡¡¡¡¡Flanders acaba de descubrir la sed de sangre!!!!

H. Simpson


Aprovechando el tan hermosamente absurdo tema que he escogido para este parto fallido, he decidido reescribir un pequeño ensayo sobre el arte taurino, que, creo, muestra exactamente el principio del blog. Pecados y Virtudes. Acá he de explicar algo que muchos considerarán inexplicable y que otros encontrarán en extremo pendejo. Mi afición a los toros.

El toreo es barbárico, punto. No importa cuanto lo protejamos los aficionados diciendo que es nuestra cultura, que es una tradición de siglos o cualquier otro argumento, que, aunque sea cierto, no quita el hecho principal: LA FIESTA BRAVA ES BARBARIE.

Pero ¿cuál es el problema de esto? Hay sangre, el toro es torturado, de pronto hay cogido, es una buena excusa para una tarde con los amigos (además tomando trago dentro del recinto, cosa que no permite hacer el fútbol por ejemplo), se hace parte de una cofradía. En resumen, es casi todo lo que el ser humano busca en una sana entretención.

Quien diga que no ha disminuido la velocidad para ver un accidente, no ha entrado a una película pésima a sabiendas, solo por que la protagonista es una “delicia” (el protagonista en el caso de las mujeres), y que no le causa cierto placer prohibido un acto violento, es un completo mentiroso o alguien tan bueno que es sospechoso. Yo no soy mentiroso (no mucho, solo lo justo), y no soy tan buen tipo como para no disfrutar algo de violencia (aunque soy supremamente cobarde, la violencia es chévere cuando le pasa a otros), de modo que me agradan los toros. Tampoco soy tan conocedor como para poder conocer todos los pases por su nombre y decir que ese pase tal o cual torero lo hacía magistralmente, de modo que, para alegría de los antitaurinos, me agrada que de vez en cuando que cojan a un torero (si no mataran nunca a ninguno perdería la gracia, ya nadie se estaría jugando la vida en el asunto). El toreo es barbárico, por eso me gusta.

Sin embargo, toda esta barbarie (la salida del toro, la picada, las banderillas, la matada) está envuelta en una serie de rituales muy bonitos (he hablado con bastante gente que les parece bonito el ritual a pesar de no gustarles los toros), envueltos en una solemnidad y unas costumbres que marcan de una manera determinante la cultura hispanoamericana, y que dan muestra de una refinada civilización. Así que el toreo encierra una paradoja (pido perdón por la palabra tan pedante pero no encontré mas), un medio civilizado para un fin bárbaro (los medios justifican el fin?). Se parece mucho a los seres humanos, con nuestra técnica increíble para poder matarnos unos a otros.

Por todas las razones anteriores me encantan los toros, si podrán decir que soy un bárbaro o un pseudo-humano (es dijo alguien respondiendo a un comentario mío), pero me encanta serlo.

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